Por Miguel Angel Rodríguez

El orgullo de ser Cuervo

Por Miguel Angel Rodríguez
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El destino, como tantas veces, colocó a San Lorenzo en un lugar inesperado. Las imágenes de aquella semifinal ante Chapecoense están grabadas en nuestra memoria, nítidas, inolvidables, cargadas de emoción. Y se quedarán allí, para siempre, simbolizadas en la pelota final de Angeleri, que no quiso ser gol. ¿Quién podía imaginar semejante tragedia? Por eso, cuando vi entrar a los jugadores de mi querido Ciclón con las camisetas verdiblancas, aquellas que habían pertenecido a los brasileños, se me hizo un nudo en la garganta. Me quedé mirando fijo, sin palabras, conteniendo el lagrimón. Sentí orgullo por mi club. Por los muchachos. Por ese abrazo interminable al que todos queríamos sumarnos. Y supe que esa noche iban a ganar. 

Somos así: cuando la mano pinta cambiada, aparece el espíritu de los Forzosos. San Lorenzo tuvo un año lleno de protagonismo, de principio a fin, incluso ganando la Supercopa argentina (con baile y todo). Pero en pocos días se nos desmoronaron un par de sueños, estas dos Copas que perseguíamos y que nos dejaron sin nada. Duele. Pero sé que contamos con un equipazo (de la mitad de cancha en adelante, ¿quién tiene más que nosotros?) y que lo mejor está por venir. Con jugadores como Belluschi, Ortigoza, Blanco... ¿cómo no voy a soñar con más?

Igual, el partido más importante del año se está por jugar en estos días. Nada es más relevante que volver a casa. A nuestro lugar en el mundo. A la avenida La Plata, ahí donde vamos a quedarnos para siempre. Me vuelvo loco de sólo imaginar el estadio lleno, en pleno Boedo, gracias a ese sueño hermoso que se fue transformando en realidad. El 14 se firma el boleto, ¡y no nos para nadie! Todos saben lo que el Ciclón significa para mí y para mis hijos. Lo llevo en la piel. En el alma. Sufro, disfruto y lloro. Y aprendí a entender esos guiños del destino ­–a veces dulces, a veces agrios– que forman parte de nuestra idiosincrasia, la del hincha de San Lorenzo. Y que nos hacen únicos.

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