Ese grito final, el que Rodrigo Auzmendi inició y se propagó por todos lados, de Brasil a Boedo y al mundo, nos hizo estallar. Lo merecía el Ciclón. Y aunque no fue victoria, el 2-2 ante Santos, en Brasil, se pareció bastante a eso. Porque San Lorenzo estaba 0-2 abajo en el primer tiempo, demasiado premio para el local. Y porque se complicaba la eventual clasificación a los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana. Ahora, el equipo de Gustavo Alvarez depende de sí mismo: si el martes derrota a Recoleta en casa, habrá sacado pasaje para la próxima instancia.
San Lorenzo, para peor, lo empezó perdiendo desde el vestuario. Al minuto, Gabriel Bontempo puso a Santos arriba, tras un contragolpe mortífero. Y sobre el final de la etapa inicial, fue Gabigol quien estiró la ventaja, por intermedio de un tiro libre. No le había salido nada al Ciclón, pero no se rindió. Y salió decidido en el complemento.
Con los mismos 11, el Ciclón insistió. Y empezó a adueñarse de la pelota, a manejarla a placer… pero faltaba precisión arriba. Y se consiguió. A los 26, cabeceó De Ritis para el 1-2. Y a los 39, Gulli armó una jugada formidable, para habilitar y dejar mano a mano a Auzmendi. El delantero no falló y, tal su costumbre, provocó el delirio: gol, empate clave e ilusión renovada.
El martes, desde las 21.30, el Bidegain será la cita del partido definitorio: si vence a Recoleta de Paraguay, San Lorenzo estará clasificado a los octavos. ¡Vamos por eso!