Llenó las tardes cuervas de inolvidables alegrías. Goles en los clásicos. Goles para ganar campeonatos. Goles de derecha, de zurda, de volea, de taco (como aquel mítico a Boca)… Gritos y avalanchas, sobre los tablones de Avenida La Plata, que José Francisco Sanfilippo daba de a montones… Para muchos, el Nene fue el máximo ídolo. Un grande del fútbol argentino, que trascendió el deporte y se convirtió en una personalidad única. Nos dejó Sanfi, a los 91 años, y su leyenda seguirá viva por siempre.
Se crio en los potreros del Bajo Flores, llegó a las Inferiores de San Lorenzo a los 12 años y comenzó una campaña sin par. Su papá Horacio lo hizo hincha del Ciclón y ya lo llevaba al Viejo Gasómetro, donde idolatró a René Pontoni (“mi gran maestro”). Debutó en 1953, a los 18 años, y al partido siguiente, ante Banfield, ya metió dos goles. Un elegido. En total, fueron 207 gritos en 265 partidos. Le hizo 16 a Huracán, 14 a Boca, 12 a River… Y se consagró cuatro veces consecutivas como máximo goleador del fútbol argentino. Con Sanfilippo como líder de una delantera excepcional (Facundo-Ruiz-Higinio García-Sanfilippo-Boggio), el Ciclón arrasó en 1959, y al año siguiente fue el primer equipo argentino en jugar la naciente Copa Libertadores. Ya más grande, en su regreso, José integró el equipo bicampeón de 1972. “Ese fue el mejor equipo de mi carrera”, dijo alguna vez, “era completo, de atrás para adelante”.
“¿El secreto del gol? No dudar. Y el trabajo. Yo me perfeccioné muchísimo para conseguir esa técnica”, remarcaba Sanfi. En el área fue único: definidor intuitivo, fino, que rara vez fallaba, que anticipaba la jugada y además podía asociarse con buena técnica. Con la Selección, obtuvo la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1957 y la Copa América de 1957, en Perú. Y estuvo en dos Mundiales: el de Suecia 1958 (el primero que ganó Pelé con Brasil) y Chile 62.
“Pibe, yo fui un fenómeno”, solía decir, con una carcajada, pero siempre seguro de su legado. Que es inmenso. Y que lo convierte en un prócer eterno de San Lorenzo.
¡Gracias por tanto, Nene! Jamás te olvidaremos…