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Se fue el Negro Picot

El ex delantero azulgrana falleció este domingo en San Juan, el lugar que eligió para vivir después de retirarse del fútbol. Tenía 87 años y trabajó hasta sus últimos días en las Inferiores del Alianza sanjuanino. Era el único sobreviviente de la delantera de la Tercera Especial campeona en 1947.

El exdelantero azulgrana falleció este domingo en San Juan
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Nunca dejó de gambetear el Negro Picot. Hasta en sus últimos días, se lo vio caminando por las calles de San Juan. A tranco lento, pero firme. Gambeteando hasta al viento, al poderoso zonda sanjuanino, que se lleva todo por delante, menos a la picardía incubada en el potrero.

Se fue este fin de semana, a los 87 años, allá, en su querida San Juan, donde dedicó gran parte de su vida a enseñarles a los pibes que el fútbol tiene algo de alegría. Justamente, el Negro, quien llegó a Primera sin haber realizado Inferiores y que no tuvo otros maestros que el baldío o el empedrado, se la pasó vertiendo conceptos en las categorías juveniles del club Alianza sanjuanino.

Había nacido el primer día de 1927, en Avellaneda. Hijo de un canillita porteño y de una enjundiosa mulata uruguaya, de quien heredó su color de piel y los rulos acolchonados. "Toda mi infancia jugué en la calle, en los equipos de barrio, con alpargatas y pelota de tiento. A los 14 años, jugué el único torneo de baby que se hizo en el Luna Park y, a los 16, el cura del barrio me regaló un par de botines para que yo jugara en el equipo de la iglesia", recordó en una entrevista. En uno de esos picados, lo vieron de San Lorenzo y enfiló directo hacia Boedo.

No la tuvo fácil para ganarse un lugar entre los titulares. Había surgido con fuerza en la Tercera Especial (campeona en 1947) junto con Gambina, Rial, Papa y Seoane. Pero eran los tiempos de esplendor de Farro, Pontoni y Martino, quienes no dejaban mucho resquicio para filtrarse en la formación.  Pese a ello, consiguió debutar con la camiseta azulgrana en 1947 y mantenerse hasta 1954. En total, completó 78 partidos y metió diez goles.

Fue tapa de El Gráfico en 1953 y, también, verdugo del gran Amadeo Carrizo, a quien le facturó tres veces con el Ciclón y una con la camiseta de Newell´s. Además, llegó a estar a prueba en el Santos de Pelé y pese al visto bueno de la entidad paulista, el presidente azulgrana de entonces, Luis Traverso, lo declaró intransferible.

Originariamente puntero derecho, debió retrasarse para volantear en ese sector y, así, obtener mayores variantes de su juego. La velocidad y la gambeta vertical lo distinguieron entre los de su época y le abrió la puerta para jugar fuera del país. Estuvo en Toluca (con otro cuervo como Francisco Berterame), en Irapuato (con Roberto Resquín) y en Deportivo Municipal de Guatemala.

Luego llegó el desembarco en Cuyo y allí vivió como un sanjuanino más. Hasta el fin de semana pasado, cuando nos dejó para viajar rumbo al olimpo que cobija a los héroes sanlorencistas y allí, de paso, encontrarse con sus compañeros de aquella Tercera Especial.
Lo sepultaron en el cementerio Parque San José, en Pocito. Aquí, en Boedo, se lo llora. Pero el Negro nos mostró que había algo de alegría en el fútbol y qué mejor, entonces, que recordarlo con una sonrisa.

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